Conozca la historia de los nabos desde sus orígenes hasta nuestros días.

El nabo es la raíz de una planta de la familia de las crucíferas denominada Brassica Napus. Se cree que es originaria de Europa, aunque en su extensión llegó a los países asiáticos. Fue hace cuatro mil años cuando se cultivó por primera vez y, posteriormente, llegó a ser muy apreciado por el pueblo griego y por los romanos, que fueron desarrollando nuevas variedades a partir del nabo silvestre. Durante la Edad Media, constituyó uno de los alimentos de mayor relevancia, hasta que se vio desplazado por la patata en el siglo XVIII. Sin embargo, durante las guerras y en tiempos de penuria, su consumo aumentaba de nuevo considerablemente. El nabo se caracteriza por ser una planta adecuada para climas fríos que se adaptó durante siglos al terreno profundo. Según va creciendo todo se hace comestible, del nabo sale la nabiza y de la nabiza el grelo. Hay distintas variedades:
  • El nabo de mayo o nabo blanco: es el primero que aparece en el mercado, tiene la piel y la pulpa blanca con sabor dulzón.
  • El colinabo: es más grande que el nabo blanco, con una piel verde amarillenta y la carne amarillenta y cromática.
  • El nabo de otoño: tiene un tamaño mayor que el nabo blanco, con la misma coloración pero con un sabor más fuerte.
  • El nabo rojo: que contiene más sustancias nutritivas.
  • El nabo de Teltow: que es una variedad alemana muy apreciada por su sabor.
A diferencia de la patata, se trata de una raíz de tipo tuberoso (engrosado) y no de un tubérculo. La forma puede ser esférica, cilíndrica o cónica. Su coloración varía normalmente entre blanco y rojo, y su pulpa es blanca o amarillenta. El color rojo de la raíz es producido por la antocianina que se encuentra en las células exteriores de la corteza.